No tiembles, verdugo,
Si el reflejo de tu mano es metálico
Si notas, después de hoy,
Que el papel de tu piel muta esdrújula
Y terminas por desconocerlo,
Y en significante imaginado
Te implora arrancarlo y rasgarlo
Siembra la duda en tu esqueleto de hiel
Recordándole la carne que eres,
La sangre que pulsa.
Reconócete en su rostro.
Su rostro sin rostro
Tu rostro.
Pican, pican.
Méndigas pulgas mías luminosas.