Los ausentes
Tu país no te recuerda
Ínfimo, pequeñito, cosa de nada
Disolviéndose en silencio.
Quédate de mí
Suavemente
Prendado
en mi memoria:
Rezo de soles estáticos
De una niebla que no disipa el mediodía
Meridiano sabor a hierro
Que mata y muere
Con el mismo clavo
En la misma cuenca
Sé ciento abriéndose
En los brazos vacíos
De mil madres
En la lápida sin nombre
Todos los nombres
Todos los cielos
Pican, pican.
Méndigas pulgas mías luminosas.