Lo que sí.
No supe cuándo se venció. Habían pasado algunos meses, creo, y ya se veía el cielo escarlata reflejado en sus ojos. Tenía motivos, quizá, seguramente. Y los motivos siempre son plantas que trepan y se retuercen; que nos hacen cerrar fuertemente las manos cuando sostenemos algo, sin importarles si es una lata o una golondrina. Lo importante es que ellos, que le crecieron desde el estómago, fueron los que derramaron sobre mí su salvia tan amarga.
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Pican, pican.
Méndigas pulgas mías luminosas.
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