viernes, diciembre 02, 2005

Forneret, El pobre vergonzante.



La ha sacado
De su bolsillo agujereado,
La ha puesto bajo sus ojos;
Y la ha mirado atentamente
Diciendo: "¡Desgraciada!"

La ha soplado
Con su boca humedecida;
Sentía casi miedo
De un horrible pensamiento
Que le llenó el corazón.

La ha mojado
Con una lágrima helada
Que cayó por azar;
Su casa estaba agujereada
Todavía más que un bazar.

La ha frotado,
No la ha recalentado,
Apenas la sentía;
Pues, por el frío apretada,
Se retiraba.

La ha sopesado
Como se sopesa una idea,
Apoyándola en el aire.
Luego la ha medido
Con un alambre.

La ha tocado
Con su labio arrugado.
Con un frenético espanto
Ella ha exclamado:
¡Adiós, bésame!

La ha besado
Y después la ha cruzado
Sobre el reloj del cuerpo
Que daba, mal montado,
Sordos y pesados acordes.

La ha palpado
Con una mano decidida
A hacerla morir.
-Sí, es un bocado
Del cual puedo alimentarme.

La ha doblado,
La ha roto,
La ha colocado,
La ha cortado,
La ha lavado,
La ha llevado,
La ha asado,
La ha comido.

Cuando era pequeño, le habían dicho: -Si tienes hambre, cómete una mano.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

A punto estuve de tratar de enmendarle la plana a Don Xavier, por mi ignorancia... Lo obvio para ti es un misterio para los demás, cuando el contacto es limitado, los intercambios incompletos. ¡Ah! Y yo sólo comento; el poema y la historia (a veces dos, a veces lo mismo) te pertenecen en su totalidad: los cambios y permanencias son solo tuyos...

Un tierno y admirativo saludo, como siempre (pese a los ocasionales paroxismos febriles).

Un lector (a veces demasiado ávido...)

Anónimo dijo...

Es siempre grato encontrar comentarios suyos. Le envío también un saludo muy apretado (lo que sea que signifique)(¿para quién?)...